La mayoría de las personas ven muy lejano el mundo de la Justicia Penal, la posibilidad de comparecer esposadas delante del Juez.

Pero hoy en día no es tan difícil, en determinadas circunstancias, verse implicado en un proceso penal. No es necesario matar a otra persona o cometer un robo que son los ejemplos en los que primero se piensa.

Pero pensemos en la conducción de nuestro vehículo bajo los efectos del alcohol, incluso agravada al provocar un accidente.

En una discusión subida de tono con un agente de policía.

En una mala gestión de patrimonios ajenos en el ejercicio de determinadas profesiones.

En la venta de un inmueble para que no pueda ser embargado cuando se ha contraído deudas imposibles de afrontar.

En la posesión de una cantidad de droga que exceda la necesaria para el consumo propio.

En la denuncia por unos presuntos malos tratos por parte de su pareja.

En la implicación en una pelea con lesiones, o simplemente en la manifestación de una opinión desafortunada en redes sociales que exceda del derecho a la libertad de expresarse, etc.

De encontrarse en la situación procesal de investigado, de acusado, o incluso si ya ha sido condenado, es muy conveniente contar con los servicios de un Abogado familiarizado con la Justicia Penal, de un Abogado Penalista con experiencia, madurez, seriedad y sentido común para aconsejar la estrategia más conveniente en cada momento, que sepa reaccionar ante las dificultades e imprevistos que puedan producirse durante el Juicio Oral, y que esté preparado para interponer los recursos que procedan contra una Sentencia desfavorable.